4/27/2010

¡Por un 1ero de Mayo, clasista y revolucionario! ¡A Luchar, Unir y Vencer!

Reproducimos los siguientes comunicados, siendo el primero realizado de forma conjunta con los integrantes del Colectivo Cultural “Chasqui Anarquista” -chasqui.libertario@gmail.com-, el segundo y tercero, redactado junto a los trabajadores y trabajadoras de FETSAPI (Federación de Trabajadores de la Salud de Pichincha) para el Boletín número uno de dicha Organización Sindical. Así mismo, Hijos del Pueblo y FETSAPI invitan a marchar junto a los trabajadores de la salud en el bloque de OSUMTRANSA, posteriormente nos dirigiremos al local de FETSAPI (Espejo 710 y Montúfar; bajar por la calle de Correos del Ecuador o Teatro Bolívar), donde se realizará un acto a consideración de este glorioso día de combate y lucha proletaria. También anunciamos la salida del tercer número de nuestro periódico “El Amigo del Pueblo”, el cual se repartirá en la marcha y en el evento.

¡Por nuestro Pueblo, Luchar, Unir y Vencer!

Hijos del Pueblo

hijosdelpuebloec@gmail.com

www.hijosdelpuebloec.blogspot.com

1ero de Mayo. La herencia revolucionaria está en el Pueblo

Si se le pregunta a alguien que conoce la historia del 1ero de Mayo y sus mártires, estamos seguros que su rostro reflejará excitación, sentimientos encontrados, pasión, etc. La lucha del Proletariado, envuelve muchas expresiones simbólicas y afectivas, que hacen que se extienda ese sentir hasta el infinito, llevando incluso a veces a negar la propia vida. La herencia revolucionaria del 1ero de Mayo, refleja el anhelo popular de cambio, transformación, Revolución Social, que siempre las masas laboriosas al calor de una tendencia política revolucionaria –como es el Anarco Comunismo - han expresado en actos de valor, solidaridad y entrega, que trascienden como una llamarada redentora al resto de la sociedad. No queremos que se reconozca nuestro trabajo únicamente en libros, no pretendemos inmortalizar nuestra figura exaltando el ego que no es propio de nuestra clase, simplemente queremos que todos nuestros deseos y demandas sean manifestados, no queremos vivir de mitos. Queremos asegurar el futuro de nuestros hijos, y de los que están por llegar, que ellos retomen la antorcha que ilumina el camino hacia el futuro libertario de la humanidad. Es necesario devolverle al 1ero de Mayo su sentido inicial, arrojar a los oportunistas y vendidos a la fosa del olvido Construir el cambio desde nuestros barrios, sindicatos, colegios, universidades, avanzando con todos los sectores de nuestra clase: hombres, mujeres, niños, ancianos, indios, negros. Somos diversos pero nuestro grito es uno solo, nuestra bandera también. Reafirmamos la gloria que nos ha sido transmitida; nos reclamamos herederos de ella, de sus mártires, de su ejemplo, entrega y desborde pasional. ¿Qué es mejor para uno: quedarse sentado mientras le roban la vida?, o ¿entregarla a favor de la lucha que involucra a nuestros hijos, padres, hermanos, al mismo Proletariado? Es en este tiempo, donde las injusticias llaman de nuevo a que la orgullosa bandera negra y roja flamee bajo la brisa y el calor del pueblo. Porque en el combate por la dignidad, se debe asumir la responsabilidad histórica que tiene el Proletariado. Quienes estamos vendiendo nuestra fuerza de trabajo, quienes recibimos un salario que a duras penas nos mantiene vivos, todo este gran conglomerado definido desde su clase, su cultura, su sexo, todo aquel gran poder masificado desde la base, es el único que puede catapultar su vida y su fuerza para asaltar el Poder burgués y enterrarlo en lo más profundo de la historia. Hasta que llegue ese día, los comunistas anárquicos estaremos siempre prestos a defender esa causa. No habrá fecha de aquella instancia, pero la certeza de que pasará es ineludible.

¡Honor y Gloria al 1ero de Mayo, día Internacionalista y Proletario!

¡Honor y Gloria a los 3 anarquistas asesinados en Chicago!

¡Venceremos!

Reavivar la Lucha de Clases, construir Poder Popular, descartar el “ciudadanismo”.

El proceso vivido en nuestro país, reclama al ciudadano como actor principal. Pero antes de realizar una pequeña crítica a este, vale recordar que en la antigua Roma –donde proviene esta palabra- el ciudadano era aquella persona que tenía grandes cantidades de dinero, esclavos, tierras, etc. Es decir, ciudadano no era cualquier persona, era tan solo quien podía pagar para poder serlo. Ahora en el contexto actual, donde se vocifera sobre el ciudadano, debemos ver cuando y donde somos ciudadanos. Somos ciudadanos cuando tenemos un número de identificación; adquirimos la mayoría de edad y se nos obliga a participar en las elecciones democrático burguesas, realizando este ejercicio cada cuatro años, garantizando que sean otros quienes decidan el futuro de nuestra vidas. Por lo tanto, en la sociedad ecuatoriana, el ciudadano es quien delega su Poder a otros cada cierto tiempo. Si bien las condiciones de la sociedad han cambiado mucho, no podemos evitar puntualizar que la Lucha de Clases, la pugna entre los dueños de los medios de producción y quienes trabajamos en ellos, entre explotadores y explotados, se encuentra más vigente que nunca. El hecho de que exista un modelo económico que retribuye el trabajo con un salario, además que divida a la sociedad en clases, y que esta división se profundice debido a las diferencias de género, cultura, etnia, nacionalidad, etc. Vuelve a poner en obligación el reavivar la Lucha de Clases, la lucha por la creación del Poder Popular y la sociedad en donde el trabajador sea retribuido en base a sus necesidades y capacidades. Esto lejos de ser un mero discurso, se presenta como alternativa única la crisis del Capitalismo. Y en el contexto ecuatoriano, como salida a la llamada “Revolución Ciudadana”, negadora de este principio único. Podríamos hablar efectivamente de Revolución o Socialismo, cuando las estructuras del Estado burgués hayan sido derrotadas, suplantadas por la Organización propia de la clase trabajadora en sus distintos niveles. Podríamos hablar de cambio cuando seamos los trabajadores los dueños de los medios de producción, cuando las clases sean borradas con el flujo revolucionario de las masas explotadas. Es decir, cuando la sociedad no sea un ambiente represivo. Es de esta forma, en que toda la clase trabajadora debe abrir los ojos y afilar el corazón. Reconocer que el ciudadanismo es una extensión más de las políticas burguesas y anti populares del actual Gobierno. No podemos permitir que se hable a boca llena sobre la igualdad de derechos y obligaciones de los ciudadanos. Cuando sabemos bien, que el rico es inmune a la ley y el pobre no. Donde el peso del dinero –como en aquella antigua Roma- delimita la línea entre pobres y ricos. La lucha de clases, aquella constante pugna entre oprimidos y opresores efectivamente acabará cuando los explotados seamos los vencedores, hasta mientras, negar su existencia, es obra de mentira y mala fe. Agitar esta consigna al interior de nuestros Sindicatos, barrios, Colegios, Universidades, promover la creación de formas de Auto Gobierno de Clase, bases de Poder Popular, siendo la única forma, en donde los integrantes del Pueblo podamos disponer de la riqueza y la dicha de vivir en una forma digna y libre.

Editorial 1. FETSAPI.

Salud compañero. El Boletín número 1 de FETSAPI le saluda en este día insigne de lucha y agitación popular. Siendo misión del mismo, plasmar las consignas clasistas y revolucionarias de los trabajadores sedientos de emancipación y redención social. Pues es en este tiempo, donde el Capitalismo disfrazado de color verde enfrenta descaradamente los intereses del Pueblo y los suyos. La clase trabajadora, productora de la riqueza, edificadora de la sociedad, y por ende, motor de la historia, se encuentra pasando por un momento decisivo en la actual coyuntura. El proceso mal entendido y mal llamado Socialismo del siglo XXI –que de revolucionario, socialista, no tiene más que el nombre-, denominado “Revolución Ciudadana” ha llegado y se ha extendido gracias a la ayuda de los medios masivos de comunicación -aparato de control estatal, garante de sus intereses- a todos los sectores de la sociedad ecuatoriana, manifestándose en políticas beligerantes, divisionistas y anti populares. Promulgando el llamado ciudadanismo, que envuelve a toda la sociedad –sean ricos o pobres-, negando las diferencias de clase, opacando la lucha política e ideológica que ha llevado desde el inicio la clase trabajadora en el contexto ecuatoriano. En esta difusa realidad, donde se niega la sustancial diferencia entre quienes trabajamos en los medios de producción y quienes viven de nuestro trabajo, resulta de primer orden rescatar la esencia clasista y revolucionaria de los trabajadores, así como los medios que se deben emplear en la emancipación completa de la sociedad. Hay que retomar el Sindicalismo Revolucionario, práctica de la clase trabajadora organizada, cuyo fin es la edificación de la sociedad organizada desde abajo hacia arriba, a medida de Poder Popular. Decimos que hay que retomar la acción sindicalista revolucionaria, ya que el Sindicalismo ecuatoriano con el pasar de los años ha comenzado a luchar únicamente por prebendas económicas, olvidando la lucha política, y la misión histórica de este. Gracias a esta debilidad, es que políticas gubernamentales y conciliadoras han ingresado al interior de los Sindicatos, volviéndolos fracciones controladas por Partidos moribundos, los cuales no buscan más que su propio interés, el ingreso de los agremiados como base para catapultar sus candidaturas, la participación en el circo democrático de la burguesía y por consiguiente, la traición a la clase trabajadora, negándola como tal. Es en esta medida, cuando los trabajadores recordemos cuál es nuestra posición revolucionaria como actores principales en los cambios de la sociedad, que nuestra vida tendrá sentido amplio y redentor. También, misión de los trabajadores es recuperar la historia gloriosa, pagada con sangre y sudor, enfrascada en la lucha sindical. Hace más de cien años, ocho compañeros sindicalistas, ocho hijos del pueblo, ofrendaron sus vidas para conseguir las ocho horas para los trabajadores del mundo. Nuestro contexto, lleno de represión y asedio, no se diferencia de las condiciones que vivía la clase trabajadora del siglo XIX. Se vivía en una sociedad de clases, los explotadores imponían su voluntad sobre los trabajadores, los sueldos no garantizaban el mínimo para poder sobrevivir y suplir las necesidades básicas. Se trabajaba más de lo normal, se producía un excedente que iba a parar a otros bolsillos. Es decir, las condiciones siguen siendo las mismas. Y las seguirán siendo si los trabajadores no despertamos a tiempo. El Capitalismo ha demostrado ser insuficiente, y se ha evidenciado que se trata de una mentira catastrófica, un modelo económico, político, social, cultural, civilizatorio que afecta a todos los habitantes del planeta. La inviabilidad del Capitalismo es indiscutible. Es misión histórica de la Clase Trabajadora, sepultar de una vez por todas a este monstruo. Empecemos rescatando el 1ero de Mayo, recordando aquel día glorioso donde aquellos ocho hombres invencibles marcharon orgullosos hacia la horca, el frío de la cárcel, y de sus apretadas gargantas, prometieron a viva voz, que sus vidas apagadas injustamente, volverían siendo millones. Levantemos la antorcha de los mártires de Chicago, antorcha que guía hacia la tierra sin amo. El futuro, la historia, el trabajo, la producción nos pertenece por derecho. Es hora de que los tiranos vuelvan a saber que somos miles, y que nuestra fuerza es invencible.